viernes, 25 de noviembre de 2011

El carrete de mi película favorita



No sé si te has dado cuenta de que vivimos atormentados. A unos les da aire de misteriosos, tienen suerte. Otros lo esconden bajo una grosísima capa translúcida de una especie de película viscosa. Se cuenta que hay casos en los que ha llegado a ser tan pesada y tan pegajosa que hay quien no ha sido capaz de desprenderse de ella ni el día en que decía para siempre adiós a este mundo. A muchos solo les aporta una expresión depresiva y mediocre. Me recuerda a las luces de neón de un motel de carretera. Demasiado obvio para mi gusto.
Ahora bien, hay cosas que ciertamente parecen no corruptas por este fenómeno. Se mueven grácilmente, vuelan de un lado al otro aprovechando la propia fuerza del viento, tienen un brillo especial, se pueden acompañar de canciones y aún parece que tengan más luz así… son como parte de una película. Qué digo, son una película. Son pequeñas películas, algunas tan pequeñas que duran microsegundos. El movimiento de un mechón de pelo al retirar lentamente la bufanda alrededor del cuello, la luz que se cuela por entre los cabellos jugando con los tonos de castaño oscuro, la música que llega desde tus auriculares a tus oídos, tan perfectamente diseñada por la casualidad para crear ese instante en que eso que ves te anestesia la mente.
Eses mechones de pelo no viven atormentados, desde luego. Ni tampoco tú cuando extasiado dejas el suelo por un momento.
Eso, eso es lo que hay que salvar.
De lo absurdo, de las garras, de lo mediocre, de lo envenenado, de lo solitario.
Hay que sacar la luz. Hay que elevarla para contemplarla.
Hagámoslo.

1 sonrisas:

Santiago Basallo dijo...

tu blog me ha encantado! espero que te guste el mio:
http://santiagobasallo.blogspot.com/

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